lunes, 17 de enero de 2011

Carta que fueron muchas

Buenas niña,

Es curioso no saber muy bien qué decirte. No es exactamente que no encuentre ideas que quiero que te lleguen, si no que han sido tantas las ideas que no puedo elegir cuál va primero. Además hace tiempo de algunas de ellas y ahora ya no sé si tendrá sentido repetirlas. Ya sabes que te debo una carta hace años. Esa carta ha sido muchas cartas y al final ninguna. Espero que ésta sea de verdad la definitiva, aunque no la última.

Entre las cartas que un día quise escribir estaban las primeras, las que querían decir cosas sencillas las que eran simplemente eres una mujer increíble, gracias por estar a mí lado para que yo pueda verlo, para que pueda apreciarlo y crecer a tu lado. Pero no te confundas, también me encanta estar a tu lado y sentir que creces conmigo, que cada vez eres -somos- más fuertes .

Después hubieron cartas de perdón. Que tampoco envié y pese a lo cual siempre volvimos a estar juntos. No daré en este caso mayor explicación porque no tiene sentido quedarse y estancarse en el dolor y menos en el que ya habíamos olvidado.

Hasta aquí todo normal, pero llegó la vida que siempre nos sorprende y nos complica notablemente las cartas. Llego la época de cartas complejas. Complejas porque de hecho son tan simples que es muy arduo quitar todo lo que no sea lo que ya ha sido. Podarlas como un árbol para dejar únicamente el tronco, del que germinen con fuerza nuevas hojas y ramas y frutos.

Entonces quise escribirte una carta para contarte lo contento que estaba; lo feliz que me hacías. Pero estaba demasiado contento para eso. Para pararme a contarte lo feliz que era. No pude. Sin embargo, tengo una buena excusa estaba ocupado sonriendo y mirándote.

Después -y esta fue la vez que más cerca estuve de acabar la carta, al menos una versión que me gustase- traté de contarte cómo veía el futuro. Trate de escribir todas las dificultades que ibamos a tener, los malos momentos, la rutina, la añoranza la necesidad de una abrazo que no llegaba.... Para hacer un inventario de dificultades. Todo para decirte que lo veo tan fácil. Fácil porque nos tenemos, porque no importa lo difícil que sea, estaremos juntos para superarlo. Y será increible saber que cuando te eche de menos tú estarás pensado en mí, en un abrazo de ambos. No significa nada pero me parece increible. Así de simple, así de fácil. Echarnos de menos, querernos, seguir creciendo juntos y escribiendo cartas que no termino o que no envio. Fácil. Como me dijeron hace tiempo y ya te he dicho alguna vez: mientras te pregunte si me quieres, me digas que sí y yo sienta que es real, todo será. Y será fácil. Quizás los sencillo sea solo una situación complicada junto con la certeza de saber que se va a superar. De que pase lo que pase estaremos juntos.

Trate de escribirte una carta para contarte lo que haría cuando te volviese a ver. Las caricias que te daría y las que repetiría. Te escribiría líneas sobre el tacto de tu piel que más tarde escribiría con mis dedos en tu piel. Te mandaría besos como promesas de besos.

Después quisé escribir sobre el futuro. Sobre cómo veía y nos veía dentro de unos años. Traté de escribir una carta prediciendo nuestros pasos, pero luego, al releerla, me dio miedo que algo se cumpliese y no hubiese sorpresas. Por eso quemé la carta y la olvidé, ahora es solo el recuerdo de que una vez quisé escribir sobre el futuro.

Y ahora, aquí estoy sólo para decirte que hay tantas cosas que quiero decir. Tantas ideas que quiero que te lleguen. O no, o quizás solo sean dos ideas:

Pese a esto, te debo una carta todavía

y me encantó la batalla de bolas de nieve.


Te quiero.
Sé feliz.

Al.

miércoles, 7 de octubre de 2009

La ciencia en España no necesita tijeras



Esta entrada forma modesta parte de la iniciativa "La ciencia en España no necesita tijeras" (http://aldea-irreductible.blogspot.com/2009/10/la-ciencia-en-espana-no-necesita.html). Dicha iniciativa surge en contra del recorte del presupuesto en I+D anunciado. Por ello desde los blogs, twitter y facebook se han unido en esta iniciativa para dar un motivo en contra de dicho recorte.

Mi motivo es simplemente no hacer lo ilógico. No parar de correr en la carrera cuando hay cuesta arriba. Sí se quiere mejorar en un momento de crisis no tiene sentido reforzar un sistema que ha demostrado fallar a costa de recortar un sistema de producción de ideas. Ojala este punto sirva para mejorar el sistema de producción científica, para mejorar la evaluación de la misma, para depurar el sistema y hacerlo más productivo. Sin duda son medidas que se necesitan. La investigación en España debe cambiar, pero recortar la inversión es investigación es ponerse a caminar en medio de la carrera cuando llegas a una cuesta. Sin duda lo peor que se puede hacer para ir a la cabeza.

lunes, 13 de julio de 2009

A tí que eres tú para decirte lo que te dije cuando no eras tú

Buenas niña:
El otro día, mientras vagaba por recuerdos y calles, con la misma desidia en ambos casos, te encontré a la vuelta de una esquina y en uno de los pliegues de mi mente. Pero no eras tú. Era solo una sombra, una chica que quise ver parecida a tu recuerdo. Y le dije hola. Y me miró con la mirada ajena del que no conoce ni entiende; o del que no quiere entender... Y le dije lo siento, me he confundido. Y se fue. Pero yo seguí hablándole -hablándote- aunque se había ido, y le dije -te dije- tantas cosas que cuando terminé pude marcharme y vagar solamente por las calles. Y vagar con las palabras dichas sonando en mis bolsillos, pero sin buscar respuestas. Sin buscar paz. Sin olvido. Sin daño. Solo vagar búscandote aún sabiendo que no puedo encontrarte. Y que aunque un día te encontrase. Aunque un día la sombra a la que hablo, la mujer que recibió mi hola, seas tú... Ni siquiera entonces podré hablarte quizás vague en las palabras y te diga mentiras de poeta. Y cuando te marches -sólo entonces- te diré las cosas que te dije cuando no eras tú. Solamente entonces me mostraré débil: te diré que todavía te necesito, algunas ocasiones. Te diré que conocerte me ha cambiado, aunque ya no estés cuando paseo y vago por las calles, lo recuerdos...

Alejandro

miércoles, 27 de mayo de 2009

A un fantasma del pasado

Buenas:
Seré breve. Son solo unas palabras para compensar el mal trato que te he dado en estos días, después de las molestias que te has tomado para hacer un viaje desde el olvido. Has venido y no he sabido estar. Lo siento mucho. Sé que esperabas atormentarme como en los viejos tiempos. Sé que querías retomar la relación en el mismo punto donde la dejamos hace ya unos años. Y yo, sin embargo, he estado frío, distante, casi sin darme cuenta de que habías llegado del olvido. Hubo momento en que verte así tan diferente, tan pequeño, tan distinto del monstruo colosal e indestructible que yo recordaba, incluso me resultaba triste. Triste por pensar el tiempo que te di, soñando que eras un coloso. Ahora sólo eres un recuerdo borroso, una lección que aprendí. Solo eso. Lo siento pero no tengo más que darte e incluso creo que estas letras son más de lo que mereces.
Mil besos
Espero otra visita dentro de un tiempo aunque haya estado frío.
Porque al final esas visitas te recuerdan pasos que no has de dar.

miércoles, 15 de abril de 2009

De una sonrisa a otra

Avísame si sales a la calle. Si decides que solo con existir es suficiente para salir gritando por los parques. Y por las avenidas. Si esta mañana eres el emblema y bandera de su rostro... De su rostro. En esos días que eres inquebrantable. Cuando nada ni grave, ni malo, ni atroz consiga hacerte creer que los males son infinitos. Y sigas en la cara. Avísame. Avísame que quiero salir en esta cara sin motivo y chillar al mundo por las avenidas. Y los parques. Avísame si sales y ves que estoy durmiendo.

Avísame los días tan oscuros que parecen noches infinitas. Los días que se cierran las persianas y en lugar de existir eres sólo el frío sostén de un cigarrillo. Avísame si estás perdida en humo, que tras la niebla yo sabré encontrarte, aunque sea con tretas y con mapas ajados que una vez sirvieron. Iré aunque sea dando golpes de ciego o entre el laberinto de la tristeza armado sólo con el ovillo de lana de mis tres recuerdos. Avísame o no porque aunque no lo hagas yo estaré mirando los labios, las mejillas esperando paciente a que regreses.

Avísame si llegas de improviso y te vas y regresas y te vuelves a marchar con la promesa de un regreso temprano.

Avísame cuando eres la mueca dulce de quien duerme y sueña que trataré de colarme por tus sueños y ganarme un trocito, un parcela, donde instalar mi reino... Que no defenderé.

Avísame cuando te creas muerta que iré a desmoronarte las certezas.

Avísame siempre que yo te ando buscando y esperando. Que yo estoy porque vives.

Me despido muriendo para convertirme en beso.

frd. tu sonrisa admiradora.

lunes, 16 de marzo de 2009

A la manchega

[...]habrá también que saber soñar
sobre una almohada de piedra.
La Renga

Buenas jefa:
Creo que ya te he contado alguna vez, que cuando camino solo por la calle voy cantando, mientras pienso en todo y nada. La tarde del día en que te fuiste me encontré cantando la canción que escribo al principio del mail. Llevaba cerca de un año sin escucharlos y de repente lo cantaba. Por supuesto esta canción (además de que tiene una letra genial en general) tiene esa frase en particular que me gusta mucho. El año pasado, cuando todo era bastante complicado, me la escribí en un papel y la tenía en el cuarto y, será una estupidez pero creo que me ayudó. Para mí era como decir, da igual todo... Sigue soñando, sigue luchando... La suerte al final es una anécdota, por definición incontrolable. A veces las cosas van bien, a veces no. Suele tener relación con nuestros actos pero no totalmente. Por eso, da igual qué pase y cómo sea lo que te rodea: sueña; lucha.
Ya sabes que siempre dije que tus sueños cambiarían el mundo. No dejes de soñarlos, aunque ahora parezcan más sueños que proyectos. Sigue soñando porque llegará el dia que se hagan de carne.
Por si acaso espero que no olvides que si olvidas tus sueños tienes un rinconcillo donde los tengo guardados. Y que cuando lo requieras desempolvaré los bocetos de esos sueños para recordártelos.
Por mi parte solo decir que estar contigo ha sido lo mejor, que me ha encantado verte genial, pegarte y que me pegues, meterme contigo, hacerte llorar, poder abrazarte de nuevo y verte sonreir.
Mil gracias por todos los regalos que me has traido en este viaje.
Un beso por cada una de las gracias que te doy
Se feliz


Alejandro

Te quiero


P.S. Creo que voy a colgar este mail en mi blog. si te molesta házemlo saber.

martes, 3 de marzo de 2009

A la musa de van Gogh

Querida Rachel:
Ya no sé qué decirte para creas lo que digo. Ya no sé qué palabras usar para poder pasar la barrera que has puesto. Has creado un sistema perfecto en su lógica si crees en las falsedades de la base. Eso, sinceramente, es difícil para la mayoría de nosotros; pero para ti, sin embargo, esas falsedades ya son dogmas. Tienes fe ciega en no ser suficiente para Vincent. Lo ves como un ser magnífico y solo justificas estar a su lado por la suerte. No sirvieron para convencerte sus palabras; las mías; las de muchos; no sirvieron sus regalos; sus cuadros dedicados para ti… Ahora se ha cortado su oreja para dejar de escuchar a su musa decir que no es suficiente, que solo la suerte explica esa pareja.
Te lo diré una vez más. Te lo diré por qué eres lo suficientemente especial como para repetir una vez más que eres especial. Eres increíble no por lo que tienes, no por tu belleza, no por tu inteligencia o por tu sentido del humor… Lo más fabuloso de ti es lo que das: que luchas con todo cuanto tienes para hacer feliz a la otra persona. Así que, por favor, deja de creer en la suerte y entiende, al fin, que si estáis juntos es porque eres tan especial como lo ves a él.
Mil besos
Álex.

lunes, 16 de febrero de 2009

A mis croquetillas

Buenas croquetillas:
Sé que os acabáis de ir y que no podéis volver pero es importante que lo hagáis porque os habéis dejado un montón de cosas: Hay imágenes vuestras en cada cuarto, sonidos de risas que aparecen de forma aleatoria en los cuartos vacíos, olor a tabaco y confesiones, historias escondidas en las grietas, abrazos que se cayeron entre los cojines del sofá y que algunas veces se pegan invisibles a mi cuerpo… No puedo sentarme en el salón sin hablaros, cocinar sin pensar en hacer vuestra ración, encender el termo y no avisar, entrar a vuestros cuartos sin tumbarme en vuestras camas a venderos cuentos pagados con abrazos… Y todo por culpa de lo que os habéis dejado, de siga vuestra esencia en esta casa, de que sigan los ecos de las risas sonando en mi recuerdo… Simplemente por culpa, de que os habéis ido pero seguís aquí; en mí; en estás paredes…
Así que, por favor, venid aquí… Volved a recoger esos olvidos… Que sigo sin saber cómo llorar y reír con un solo recuerdo…
Y de vosotras hay mil…

Os quiero

Alejandro

lunes, 26 de enero de 2009

Espero respuesta algún siglo

Buenos días, o noches; buenas tardes mejor, pues me ha parecido ver un rayo anaranjado colarse por mi ventana:
Antes de comenzar –si es que llego a hacerlo- he de pedirte disculpas por la tardanza de esta carta –si es que ha llegado tarde-. Verás hace unas semanas sufrí un catarro espantoso, de los de quedarse en cama día y noche sudando la fiebre y las horas. Fue tan grave que llegue a sudar durante días, perdiendo con cada escalofrío minutos y hasta horas. El caso fue que al cabo de unos siglos ya me recuperé pero tuve la buena desgracia de contagiar con mi virus al triste calendario. Así que, sin remedio, fue escupiendo días, tosiendo rápidamente una semana o tardando lustros en terminar un día. Por ello, desde entonces, no sé en que día vivo y me voy a trabajar en los domingos, y mi odio puede caer en cualquier día; no solo sobre el lunes. Por ello es que no sé muy bien si esta carta llegará a tiempo, demasiado pronto para que siquiera hayas nacido o, tal vez por el contrario, te llegue con tres vidas de retraso… Si bien no me siento demasiado mal pues, pese a todo la he escrito.
Un segundo y más cruel aspecto, es saber qué es lo que debería decirte. Entiende mi dilema: puedes estar naciendo, o quizás sea un día como otro, puedes estar sentado en frente de tu mesa mirando la pared con rebeldía… No sé escribir nada que pueda servirte para todo…
Sin embargo he podido deshacer todas mis dudas y al final optar por algo simple: he decidido que, sea cuando sea, te vendrá bien el virus que he tenido. Así pues he tosido encima de estas letras para que puedas llevar al calendario una parte del virus… Y así perder los días, incluso las semanas… Y vivir cada día como un jueves. O un martes.
Si pese a todo este contagio extraño no te hace más feliz, he decirte que hace mucho o poco he descubierto que el virus se contagia a los relojes. Solo debes frotarles esta carta… Y así ni si quiera tendrás claro la hora en la que vives -no te quites el reloj si es elegante; pero tampoco podrás hacerle caso-.
Con ello me despido, pues tengo mucha hambre y he de salir afuera para saber si tengo que hacerme el desayuno, la cena, la merienda o quizás sea solo un tentempié de media noche.

Bueno días, buenas tardes, buenas noches.
Alejandro.

jueves, 22 de enero de 2009

viernes, 16 de enero de 2009

Cálculos matemáticos

Querida Patricia:
Ayer alguien me dijo que vale más una imagen que mil palabras... Y sin embargo hacen falta mil imágenes para lograr producir ese escalofrío que te recorre todo el cuerpo... Que hace que sientas, por medio segundo, una pérdida de control. Y, pese a todo, era tan fácil lograr que tu cuerpo se estremeciese al contacto de mis dedos, cuando te recorrían... Por eso mi conclusión inicial ha sido pensar que las caricias son comunicación... Que una caricia da tanta información como mil imágenes; como un millón de palabras... Sin duda no hacía falta hablar cuando una caricia, un supiro, la respiración que se acelera, unos ojos que se cierran o unas pupilas que se dilatan dicen todo.
Eso fue lo primero que pensé. Más tarde llegué a la conclusión de que sólo pensaba esas idioteces demasiado obvias; esa reducción lógica al absurdo para no pensar en ti; para no recordar más cuando tu cuerpo se estremecía al contacto de mis manos.
Más tarde pensé en un ejercicio de lógica, similar al primero: el primer trago de un vaso de leche caliente provoca un escalofrio, por tanto es comunicación.
Por si acaso tomaré la leche con cuidado hasta dejar de hacer cuentas de cuántas palabras, imágenes y caricias -además de vasos de leche- harán falta para que sienta un escalofrío sin recordarte...
Así que te dejo porque debo seguir con los cálculos y el microhondas ya pita...

Mil besos
De Alex

martes, 6 de enero de 2009

Queridos Reyes Magos

Queridos Reyes Magos:
Este año no os voy a decir si he sido un niño bueno o muy malo. No lo voy a hacer por varios motivos: En primer lugar porque como sois magos ya lo sabréis y no es cuestión de ir recordando las cosas malas, sacarlas y encima analizarlas con la lupa de si está o no tan mal como para que vuestra bondad no pueda tolerarlo y acabéis trayéndome carbón. Otro de los motivos es porque, sinceramente, creo que si hiciese lo estupilado en el punto anterior acabría pensando que no soy merecedor de más que carbón y, no os ofendáis, pero una cosa es intulirlo y otra saberlo mediante un riguroso método de evaluación moral. También es mejor no deciros si he sido bueno o muy malo porque voy a colgar esta carta en mi blog y no es cuestión de que la gente vaya por ahí leyendo mis intimidades. Vaaaaaaale... Sé que estaréis pensando que no tengo lectores, pero me da igual si por si acaso alguien entra dándole a lo de "siguiente blog". No apetece. Aún así hay un último motivo y es el más importante de todos: Que este año no voy a pedir nada. Este año cuando comencé a mirar hacia atrás en busca de mis fallos acabé por darme cuenta de que sólo quiero fallos nuevos. Estos me trajeron aprendizajes. Ahora quiero aprendizajes nuevos.
Por eso este año voy a darme mi propio regalo de reyes y será no voy a decir cometer errores nuevos, porque eso suena raro, sí no no caer en los viejos... Por ello
No me quedaré parado, sabiendo que algo saldrá mal por no creer en mi intución
No daré más de lo que me permito darme a mi mismo
Besaré sin mirar atrás
Seré valiente, como ella me enseñó,aunque ya no esté
Disfrutaré cada minuto sin pensarlos los que ya fueron o los que no fueron


Solo eso, aunque parezca poco, eso,ha sido un año.
Mil besos
Hasta el año que viene que espero haber sido bueno

lunes, 22 de diciembre de 2008

Por encargo

Esta es una carta contratada por uno de mis lectores (sí, existen). Por ello y pese a que la escribo yo no la firmaré con mi nombre. Si es cierto que en ella hay muchas cosas (quizás demasiadas) que provienen de mi propia experiencia. A la persona que me contrato decirle que la única manera de poner lo que dijiste era rellenar tus huecos con mis propias experiencias. Espero que el resultado sea el esperado.


Esta carta es por fin un adiós; ese adiós que dije tantas veces sin que ni tú ni yo lo creyésemos realmente. Por eso no voy a comenzarla con buenas, con hola, con ey jefe… Así que el comienzo no será más que esta introducción y un silencio por lo que puede haber escrito.







Podía haber escrito tantas cosas. Pero al final lo único que me queda es ese adiós. Y decirte que el olvido ha llegado lento lo suficiente como para que dieses cuenta de lo que perdías y eso… eso es lo único que aún realmente me duele. Saber que nunca apreciarás todo lo que te di, el que llegase a olvidarme de mí para dártelo, el tener la certeza que nadie podrá quererte con más intensidad; tal vez con la misma aunque entonces creo que lo alejarías de ti como ya hicieras. O tal vez no, tal vez nunca llegaste a ver todo lo que podía darte. Por eso desearía poder, una vez, estar los dos, tu y yo, solo eso, y que no hubiese barreras, ni miedos, ni vergüenza, ni orgullo, ni recuerdos para poder ser yo… para poder hacerte comprender todo lo que podría darte, todo lo que quisiera darte… Todo lo que soy… Pero eso no llegará y para ti nunca seré más de lo que ya has rechazado… y estas palabras solo una prueba de que este adiós definitivo no lo es.
El tiempo nos dará la razón y quizás la pérdida pueda mostrarte lo que yo no supe.


D.G.Á.

miércoles, 12 de noviembre de 2008

A Xavi

Buenas:
Esta carta pese a estar prometida hace ya tanto, no ha llegado hasta que he necesitado escribirte. Sinceridad lo primero. Es una de las reglas del póquer: ser sinceros en las primeras manos para que el primer farol entre más fácil. Al menos eso creí escuchar una vez.
La verdad es que el póker nunca me ha gustado demasiado. Nunca he jugado por dinero: pasé de guisantes tostados a pagar con prendas directamente.
Eso tiene una ventaja que tú, experto en envides, quizás no conozcas. Cuando era pequeño, jugando por guisantes, en la primera mano no me tocó ni una simple pareja. La verdad es que no dominaba nada bien la valía de cada jugada; eso no era impedimento para saber que nada valía menos que cualquier jugada. Con que uno solo de los otros cinco jugadores (mis primos) tuviera una pareja me habría ganado. Sonreí. Me dispuse a apostarlo todo. No lo hice de golpe sino ronda a ronda. Subiendo en todas. Uno o dos garbanzos. Como si todo estuviese medido. Como si sopesase las posibles jugadas de los oponentes que, a cada subida de la apuesta, se iban retirando. Tranquilo, seguí subiendo. Mi planteamiento era hundir a la banca. Si ganaba en una primera ronda, sin tener nada ganaría un gran número de garbanzos. Si perdía pensaba perderlo todo. Todo. Todos los garbanzos. Entonces mis primos tendrían dos opciones comenzar de nuevo repartiendo de nuevo, con lo que me quedaría como al principio, o seguir jugando sin mí y con un jugador con más del doble de garbanzos que el resto. Estaba claro que esto no sería lo que pasaría. Seguí jugando. Lo aposté todo. Perdí. Mi primo subía por una buena jugada.
Me sentí genial. Me dieron de nuevo los garbanzos iniciales diciéndome que no podía apostar todo que tenía que jugar mejor y cosas del estilo. Mi farol había sido tan bueno que ninguno de ellos pensó que esa era mi jugada, incluso la previsión del nuevo reparto de garbanzos. Todos creyeron que no había entendido el juego por ser el menor. Nadie se dio cuenta de mi farol real. Fue un gran momento.
Llegados a este punto quizás te preguntes a que viene todo esto. Simple: Ser sincero al principio es una buena estrategia…
En realidad solo quería pedirte que me dieses buenos consejos de póker ahora que he cambiado los guisantes por prendas de ropa…

Alex

lunes, 10 de noviembre de 2008

A guada

Buenas de nuevo, buenas como siempre para anunciar algo que nunca había dicho:
Sabes cuantas cosas hemos compartido, cuantos sueños que soñamos juntos o que soñándolos uno solo se hicieron cuando los compartimos, sabes cuantas heridas nos hemos hecho y hemos superado, cuantos caminos que descubrimos juntos, cuantas tardes sin hacer nada, cuantas esperas juntos, cuanta nada y cuanto todo, cuantos dolores compartidos que cargó el otro, cuantos muros rotos casi tantos como platos o vasos, cuanto abismos imposibles que al final trepamos, cuanto... demasiado para repetirlo en una trsite y fría enumeración.
Pero hoy era para contarte algo diferente: Quería que supieras que después de todo eres la persona que más cerca siento que más parte de mi forma la primera que me es imposible imaginar mi vida sin ti... Que eres parte de mi vida y cuando digo vida no me refiero a mi historia a mi pasado, a mis recuerdos a mis cicatrices... Cuando vida me refiero al presente a lograr algo y quere compartirlo contigo , a robar un beso y darte tu parte dle botín en forma de historia; por poner un ejemplo entre miles. Cuando digo vida es necesitar que estés en mis logros en mis caidas, en mis conquistas, en mi rutina... También en mi mañana y en la rutina del mañana y las modestas cumbres que alcance y los pequeños abismos en los que caiga espero encontrar tu mano para devolverme a la realidad....
Simplemente que te quiero...
Simplemente...
te quiero

viernes, 24 de octubre de 2008

A Marga

Buenas niña:
Me conoces poco pero soy aficionado a mandar cartas complicadas para decir las cosas más simples. En este caso sólo te quería decir que eres la mujer más bella de mi vida. Para comenzar a complicar una expresión tan sencilla cabe matizar, en primer lugar, que cuando digo "de toda mi vida" no me refiero a lo que ya he vivido sino también a los años que me quedan por vivir. Cando te ví supe que eres la belleza; la persona con quien debo comparar a partir de ahora al resto de mujeres, sabiendo que nunca te alcanzarán. Teniendo la certeza de que mi destino no me guarda nadie más bella que tú. Eso no implica que no hayan chicas más preciosas que tú, no te confundas. Solo implica que tengo la certeza de que esas mujeres no rozarán mi vida. También cabe matizar que no digo esto como una maldición o una premonición nefasta que me perseguirá. No. Estoy contento por haberte visto una vez. Estoy feliz por ello. No puedo decir nada en contra de ese destino que me ha tocado. Solo esperar que se cumpla recordando tu imagen. Ampliándola, deformándola a mejor, creando de ti un mito, y así durante toda mi vida seguir defendiendo este texto con calma y certezas de loco.
Como ves al final he podido cumplir lo que me prometí: Complicar lo suficiente una idea sencilla.
Mil besos.
Se feliz.

martes, 2 de septiembre de 2008

Al que logró un imposible

Buenas jefe:
Supongo que la simple satisfacción, el orgullo propio; hacen que estas palabras no tengan demasiado sentido. Al menos, no más sentido que el de una anécdota dentro de este momento. Aún así quería hacerlo. Felicidades. Lograr un imposible es algo que puede parecer difícil y solo por eso lo es. Recuerdo cuando me decías que era imposible. Cuando todos te decíamos que en realidad era simple; aunque ninguno sabía cómo hacerlo. Cuando te decíamos que un día te despertarías y el imposible sería un hecho. Sin más; como los grandes hitos de la vida. Y ahora lo ves.
En un tiempo quizás el imposible que ahora es parte de tu vida, se confunda entre rutina y sonido de fondo y vuelvas a sentir como que eso es la vida y como si todo lo de fuera fuera un imposible. Espero que tarde y que cuando este imposible lo veas como algo que tarde o temprano ocurriría, como algo inexorable, necesario... Que entonces, como mínimo, no dejes de creer que los imposibles una mañana llegan... Sin grandes avisos... Sin más... Como si desde siempre hubieran estado alli... Como los grandes hitos de la vida...
Espero que en un tiempo sigan creyendo que los imposibles no lo son tanto y que, tal vez, releyendo estas palabras que hoy no te dicen demasiado, siendo una mera anécdota dentro del momento, comprendas y creas que los imposibles llegan sin más... Como si desde siempre hubieran estado allí...


Mil besos
Al

lunes, 25 de agosto de 2008

A la chica del viernes

Buenas Chica del viernes:
Siento el epíteto pero soy tremendamente malo para los nombres. En aquellos dos minutos no dio demasiado tiempo para que me conocieses; pero si lo lo hubieras hecho sabrías, casí en primer lugar, que soy muy malo para recordar nombres. Por eso tengo que buscar un apodo. Si me hubieras dicho que sí la carta habría comenzado con "buenas chica de esta noche". Pero no fue así y cuando te dije que si quedabamos el sábado me dijiste que no. Me dijiste que estarías en casa esperando la llamada de otro chico, que no te llamaría.
Tu sinceridad me fascinó; solo por ella te has ganado esta carta. Tu sinceridad conmigo y contigo. No tuve siquiera ganas de preguntarte la causa de tu certeza sobre que no te llamaría. Supuse una historia triste o, lo que es peor, una historia igual a todas las historias que cuentan esperanzas sin llegar. Por ello no te pregunté. Creí mucho mejor dejar la duda que en mi cabeza se tornaría épica: La mujer más sorprendente del mundo esperando que el hombre de su vida la llame aún sabiendo que eso no suciedera y, mientras, fuera de plano, un poeta escribiéndote una carta sin que tu lo sepas y dándote, en las ombras, parte del amor que reclamas, que mereces.
Eso sería un bello cuento. Por eso no te pregunte la causa. Porque así puedo creer esa fábula. Aunque en realidad sé que tú, chica del viernes, no eres la mujer más sorprendente del mundo; ni él -el que no te llamará- el hombre de tu vida si no más bien un chico educado en los gimnasios por lo que no puede entender las luces que hay en cada sombra; ni yo soy un poeta. Por ello no te pregunté el por qué. Para que esta fantasía, en la que finalmente yo soy un poeta, pueda ser.
Por ello esta carta, aunque tú estes mirando el telefono de reojo y me recuerdes, si es que me recuerdas, como otro más...
Por ello esta carta

Te mando el beso que no quisiste darme, por si el que no llegará llegaba.

Alejandro

miércoles, 28 de mayo de 2008

A una persona especial

El texto anterior ha sido inspirado en mis propias situaciones al leer este artículo de Arturo Pérez-Reverte, publicado en El Semanal el 21 de enero de 2007. Sin desperdicio.

Todo el mérito es tuyo; tienes mi palabra de honor. Quizá el botín de tan larga campaña –y lo que te queda todavía– no sea lo dorado y brillante que uno espera cuando la inicia, a los doce o trece años, con los ojos fascinados de quien se dispone a la aventura. Pero es un botín, es tuyo, es lo que hay, y es, te lo aseguro, mucho más de lo que la mayor parte de quienes te rodean obtendrán en su miserable y satisfecha vida. Tú has abordado naves más allá de Orión, recuerda. Tienes la mirada de los cien metros, esa que siempre te hará diferente hasta el final. Fuiste, vas, irás, esos cien metros más lejos que los otros; y durante la carrera, hasta que suene el disparo que le ponga fin, habrás sido tú y habrás sido libre, en vez de quedarte de rodillas, cómoda y estúpida, aguardando.

Ahora sabes que todo merece la pena. La larga travesía por ese mundo de méritos numéricos y ausencia de reconocimiento, donde te viste obligada a arrastrar contigo al niño de papá, al tonto del haba, al inútil carne de matadero, con tal de llevar a buen término el trabajo para el que te bastabas en solitario. Has crecido y sabes que las oportunidades no estaban en los otros, sino en ti. Que no había nada malo en aquella chica tímida que se llevaba libros a las horas libres de tutoría; que buscaba la mirada de los profesores inteligentes, no para hacerles la pelota, sino por sentirse cómplice y no estar sola. La jovencita que sobrecargaba la mochila con El guardián entre el centeno o El señor de los anillos, que en la excursión del cole a Madrid prefería ver el Planetario, el Prado o el Reina Sofía a dejarse la garganta en el parque de atracciones. Que se enfrentaba a la hostilidad de compañeros cretinos porque era la única que había leído las Sonatas de Valle-Inclán o sabía quién era Wilkie Collins. Ahora que miras hacia atrás con madurez, comprendes que cada vez que alguien ninguneó tu forma de ser, te insultó, te miró por encima del hombro, no hizo sino precipitar tu aprendizaje y tu lucidez. Tu certeza de ser mejor, más despierta y diferente.

Mírate ahora. Qué lejos estás de tanto borrego y tanto buey. Entras en la edad adulta sin que nadie pueda imponerte una sonrisa falsa cuando el mundo y su estupidez, su envidia, su mezquindad, te hagan fruncir el ceño. Ahora tienes la certeza de que no te equivocaste, y de que la niña callada en el banco del fondo puede ser vengada por la mujer que hoy la recuerda. Sabes ya que puedes ser feliz a tu manera y no a la de otros, con tus libros, con tus películas, con tu familia, con esos amigos que no sabes cuánto tiempo van a durar y por eso aprecias tanto, con la mirada serena que ahora posas a tu alrededor, en la calle, en el trabajo, en la vida. En la muerte. Ahora sabes que la virtud, en el más hondo sentido de la palabra, está en ese aguante de tantos años, cuando cerca estuvieron de convertirte en otra. Comprendes al fin que los malos profesores son un accidente sin demasiada importancia, pues eres tú quien aprende; y la vida, incluso con sus insultos, con sus malvados, con sus tragedias, con sus reglas implacables, la que te enseña. Nadie dijo que fuera fácil.

El otro día fuiste a ver Salvador y saliste del cine asombrada, llorando. No por la película, ni por la suerte del protagonista, sino por la certeza de que los ideales de aquel muchacho ya no tienen sentido, porque ninguno los sustituye ahora, porque la gente de tu edad se divide en dos grandes grupos: una minoría de analfabetos desorientados, pasto de demagogia barata en manos de políticos sin escrúpulos, y una masa inerte cuya única aspiración es salir en Gran Hermano o ponerse hasta arriba el sábado por la noche; jóvenes con garganta y sin nada que gritar, que se irían por la pata abajo puestos en la piel de Salvador Puig Antich, o a los que, viendo El crimen de Cuenca, la sola visión del garrote vil haría cerrar los ojos con escalofríos en la nuca. Pero tus lágrimas, amiga, demuestran que tienes razón. Que no te equivocaste al amar al conde de Montecristo y al Gabriel Araceli de Galdós, al buscar el secreto genial de un soneto de Borges o Quevedo, al transitar, jugándotela, por los senderos sin carteles luminosos en los pasillos oscuros de la Historia. Al hacer de cada esfuerzo, de cada miedo, de cada desengaño, de cada ilusión y de cada libro, un martillo con el que picar los muros espesos que te rodean.

Y si algún día tienes hijos, intenta que sean como tú. Como esos tipos flacos de los que hablaba Julio César, a la manera de Casio: gente de dormir inquieto, peligrosa y viva. La que quita el sueño a los apoltronados y a los imbéciles.

Carta a quien dejo de creer en los hombres buenos

Buenas niña:
Te escribo esta carta ahora que es cuando más debería callar. Como un mero gesto de arrogancia o de estupidez. Te escribo ahora que parece que el tiempo te ha dado la razón, en aquella antigua -puede que olvidada- conversación sobre si nadie era bueno. Dijiste que yo era especial, que, tal vez fuese la excepción a la regla. Por desgracia habría que esperar a mi muerte para confirmar en caso de que fuese afirmativo. Como ves soy como todos; más o menos. Por desidia, estupidez e incluso por egoísmo uno comete errores. Es cierto me he equivocado. Pero no quiero que creas tener la razón. No soy la excepción a la regla; es cierto, pero eso no significa que dicha excepción no exista. Pensar eso sería un acto de estupidez en los silogismos lógicos.
Me he dado cuenta de que uno cree en las grandes ideas. Amor, pasión, sacrificio, bondad, altruismo... Y que deja de creer en ellas, no cuando la sociedad le dice y remarca que es un estúpido por creer tales cosas, si no cuando los propios actos acaban por cumplir paso a paso la profecia. En ese instante uno puede optar por considerar que ha traicionado los principios e ideas tan elevados y limpios o, por el contrario, creer lo que dice la gente. En esta segunda opción encontramos la posibilidad de no traicionar el ideal, de no ser unos desertores o demasiado débiles. En esta segunda opción no hay ideal; somos como somos. Somos como "todos". Así pues cuando uno engaña a quien amó deja de creer en el amor no en sí mismo.
En mi caso (que conste que esto no es ninguna muestra de establecer un matiz de diferencia entre yo y todos -esta vez sin comillas-) he optado por seguir creyendo en el ideal. Soy un traidor. He sido demasiado débil para hacer lo correcto o para no hacer lo incorrecto. Pero creo, sin duda que hay alguna excepción que confirme la regla.
Como dijiste todos son unos cabrones, hoy te puedo decir que yo soy un cabrón, que todos son cabrones, pero que hay excepciones a la regla. Valientes a los que admiro. Así como creo en las expceciones a cuantos ideales he traicionado. Busca... No dejes de creer en los ideales porque hay personas que aun creen y luchan por ellos, que caminan buscándote, y que necesitan encontrarte...

Frd. Alejandro